Saltar al contenido

lunes, 17 de agosto de 2026

La falsa oposición cubana y su obsesión con el autoritarismo

Portada de De Fromm y Adorno a la falsa oposición cubana

Por Yuleisy Díaz

Ya es imposible ocultar que la oposición cubana, la mediática y la que además tiene el control, ha sido fabricada directamente desde los laboratorios del globalismo, en complicidad con el régimen de Castro. Cuando abordamos estos temas casi siempre nos vamos por las ramas y olvidamos que todas estas ideas tienen un origen, y no precisamente del lado que se asocia con la «derecha». Esto es muy sencillo de identificar si se tienen claros los conceptos, y especialmente quiénes fueron los artífices y gestores inmediatos de todo este desastre pestilente en el que han envuelto la causa por la libertad de Cuba.

Una de las ideas más recurrentes, abordada abiertamente en entrevistas, foros internacionales y prensa escrita, es la cuestión del llamado «autoritarismo». Pero, ¿qué significa para estos socialistas de «caviar» ser un «autoritario»? ¿De dónde sale esta idea? ¿Es algo nuevo? ¿Un término académico, tal vez? En este breve ensayo pretendo aproximarme a esta cuestión, que no solo tiene carácter nocivo para el tema cubano, sino que se extiende también al terreno norteamericano, lugar donde lamentablemente ha alcanzado su máximo esplendor.

Como parte de la implementación de un modelo de sociedad distópica, en los años treinta Erich Fromm, psicoanalista alemán de origen judío, creó un cuestionario para estudiar, desde el punto de vista de esta disciplina, a los trabajadores alemanes. De esta forma se podía detectar el grado de adhesión de la clase obrera hacia el comunismo y las motivaciones de cada individuo. Las categorías empleadas en dicho cuestionario fueron tres: los revolucionarios, los ambivalentes y los autoritarios. Como era de esperar, la categoría de «autoritario» se aplicó a aquellos individuos cuyo amor por la familia, los valores tradicionales y la religión era exponencialmente significativo, particularmente los cristianos que profesaban amor por la patria y la soberanía.

El experimento fracasó. Como explica el historiador Cristian Rodrigo Iturralde:

«Para desilusión del discípulo de Freud y sus colegas del Instituto, aquellas voluntades proclives a la revolución conservaban un profundo sentido patriótico, adhiriendo por consiguiente a un socialismo nacional, esto es, al nacional socialismo u otros fascismos: acérrimos enemigos del comunismo y del inmanentismo marxista.»

Ya en el exilio, específicamente en Estados Unidos, Theodor W. Adorno tomó como núcleo central para su investigación la escala analítica creada por Fromm. En este caso cambió la categoría de «revolucionario» por la de «persona democrática», lo que hacía la narrativa mucho más digerible para una audiencia marcada por la posguerra. Siguiendo la misma dinámica del experimento anterior, la categoría democrática era la opción «aceptable», mientras que el cristiano y conservador, que profesaba amor por la familia y los valores tradicionales, continuaba siendo el «ser autoritario».

De esta investigación nacen varios volúmenes, siendo el más difundido La personalidad autoritaria, publicado en 1950, que entroniza una nueva categoría antropológica: «el ser autoritario».

Adorno fungió como académico en varias universidades norteamericanas, como Princeton, en Nueva York; sin embargo, en 1941 se trasladó a Los Ángeles, California, donde comenzó a desarrollar la teoría del autoritarismo-totalitarismo en las sociedades. Este trabajo, según consta en la fuente citada, fue un encargo del Comité Judío Norteamericano para detectar elementos de antisemitismo o fascismo en la sociedad estadounidense. Sin embargo, si se analiza con rigor histórico el propósito de este trabajo, la idea era encasillar a las personas cuyos valores correspondían a los tradicionales, arrastrándolas a una espiral de condena social y castigo.

De este modo, y a través de un supuesto método científico, se configuró un estereotipo de aquellos individuos cuyos valores estaban alineados con el viejo orden y la jerarquía, mientras se empoderaba a sectores minoritarios cuyas naturalezas eran contrarias al orden establecido. Cabe destacar que Adorno fue un impulsor del multiculturalismo, brazo armado del globalismo, cuyo fin fundamental es diluir las sociedades, especialmente aquellas que cuentan con una marcada homogeneidad racial y religiosa.

El estudio concluyó que el pueblo norteamericano tenía trazas fascistas, señalando que quienes fueran portavoces de reivindicar la cultura occidental y sus valores debían ser tratados como «locos» o personas con baja capacidad de adaptación. Este patrón de comportamiento podía revertirse a través de «entrenamientos en sensibilización», lo que hoy podemos calificar como adoctrinamiento puro y duro.

Sin embargo, la fuente principal de ese «ser autoritario» no era otra que la familia. Para Adorno, los niños estaban sometidos a la voluntad de los padres, y de esta relación «masoquista» se crean individuos potencialmente autoritarios. Según Adorno:

«Toda jerarquía está basada sobre la prepotencia por un lado y la sumisión por el otro.»

Por tanto, resulta casi imperativo modificar la familia, castrarla desde sus cimientos, con el fin de crear individuos «democráticos», inclusivos y fáciles de manejar por el Estado. La familia supone un primer obstáculo para la implementación de una contracultura; por tanto, su modificación es esencial si se pretende alterar los valores y la conducta del individuo.

No es de extrañar, entonces, que la falsa oposición cubana apele al fin del autoritarismo y no al derrocamiento del socialismo. Sus postulados y su base ideológica se mueven sobre las ideas de sus manejadores, que son quienes financian cada viaje, cada foro y cada puesta en escena de estos fantoches mediáticos disfrazados de disidentes. Cada vez que un «socialista de caviar» diga que quiere acabar con el modelo autoritario, conviene recordarle que sus ideas no son genuinas y que obedecen a un modelo que pretende entronizar los valores de la nueva izquierda, algo que nada tiene que ver con el ideal de libertad al que debe aspirar cada cubano de bien.


Fuentes

  1. Iturralde, Cristian Rodrigo. El inicio de la nueva izquierda y de la Escuela de Frankfurt. Prólogo de Agustín Laje. Madrid: Unión Editorial, 2021.
  2. Adorno, Theodor W.; Frenkel-Brunswik, Else; Levinson, Daniel J.; Sanford, R. Nevitt. The Authoritarian Personality. Nueva York: Harper & Brothers, 1950. (Ed. en español: La personalidad autoritaria.)