En los últimos meses, el régimen cubano y el medio digital El Toque han protagonizado un enfrentamiento público en torno al aumento de la inflación. El Gobierno acusa a El Toque de manipular el tipo de cambio informal; El Toque, por su parte, responsabiliza al Estado por la emisión descontrolada de dinero. Sin embargo, ninguno dice toda la verdad. Ambos enfoques reducen la crisis a un episodio reciente, cuando en realidad la inflación actual es la consecuencia lógica de un sistema monetario ficticio creado hace más de treinta años. Su propósito fue captar divisas, controlar la economía y ocultar las debilidades estructurales del país.
Ni el Estado ni el mercado informal “crearon” la inflación en 2023 o 2024. La semilla de esta crisis se plantó entre 1993 y 1994, con la llamada “dualidad monetaria”, un sistema que, como veremos, nunca fue propiamente monetario, sino fiscal. A continuación, se presenta un análisis histórico y técnico para exponer una verdad que ni el Gobierno ni El Toque parecen dispuestos a reconocer.
El origen de la ficción
La llamada “dualidad monetaria” surgió como respuesta a una crisis existencial. Tras la caída del bloque soviético, Cuba perdió aproximadamente el 75 % de su comercio exterior y de sus subsidios. En 1993, el Estado legalizó la tenencia de dólares; en 1994, creó el CUC. Así lo recoge ampliamente el London School of Economics en sus publicaciones sobre la economía cubana.
El CUC no fue una moneda real, sino un “dólar interno” diseñado para reemplazar al USD en las transacciones estatales. Su origen artificial está documentado en diversos análisis sobre el peso convertible cubano. En 2004, se aplicó un impuesto del 10 % a la conversión de USD a CUC, lo cual dejó claro que la dualidad era, ante todo, un mecanismo fiscal. Entre 2011 y 2019, el Gobierno impuso un tipo de cambio oficial fijo —1 USD = 1 CUC = 24 CUP—, completamente ficticio.
¿El resultado? Dos economías paralelas: una en CUP, con salarios de miseria; otra altamente dolarizada, sostenida por el turismo, las remesas y las tiendas en CUC. La dualidad no era solamente monetaria: era social y política. Incluso medios y análisis independientes han reconocido que el sistema nació con duplicidades insostenibles destinadas, tarde o temprano, a colapsar.
El punto ciego
Hoy, tanto el Gobierno como El Toque simplifican el debate inflacionario mediante dos versiones incompletas.
El Gobierno afirma que la inflación es culpa de El Toque por “manipular” el tipo de cambio informal. El Toque sostiene que todo se debe a la emisión de dinero por parte del Estado.
Ambos relatos son insuficientes. Ambos ignoran el núcleo del problema: sin una moneda real, sin respaldo productivo y sin un sistema transparente de precios, la inflación no es una posibilidad, sino una certeza. No se trata de una crisis reciente. Desde su origen, el sistema convirtió al dólar en la única unidad real de valor.
Por eso, mientras el Gobierno niega la dolarización y El Toque la presenta como un síntoma, ambos omiten lo fundamental: la economía cubana siempre ha estado dolarizada, aunque el Estado haya intentado esconderlo primero detrás del CUC y, ahora, detrás del MLC.
Así funcionaba realmente el sistema
La llamada “dualidad” no fue un sistema monetario, sino una maquinaria para extraer valor del dólar. En síntesis, durante más de treinta años Cuba ha tenido tres monedas, pero un solo valor real:
- USD: la única moneda con valor económico efectivo.
- CUC: una representación interna del dólar.
- CUP: una ficha sin respaldo, o papel de baño, según se le quiera ver.
¿Cómo se extraía valor del dólar?
Supongamos que ingresaban D dólares al país.
Primero, el Estado aplicaba un impuesto cambiario o penalización, representado por τ. El ciudadano recibía entonces D(1 − τ), mientras que el Estado captaba Dτ.
Después, el Estado usaba los dólares completos para importar productos y venderlos internamente como si su precio reflejara un valor monetario estable, apoyado en un tipo de cambio ficticio.
El resultado era claro:
- El dólar perdía poder adquisitivo real para el ciudadano.
- El Estado captaba una parte considerable de ese valor.
- El CUP jamás construía credibilidad propia.
Este breve análisis técnico confirma que el CUP estaba condenado a perder valor, porque no dependía de la productividad interna, sino del dólar.
La Tarea Ordenamiento y el colapso
Cuando el Gobierno eliminó el CUC en 2021, el sistema se desplomó, como muchos expertos habían anticipado. El tipo de cambio unificado —1 USD = 24 CUP— no duró ni un mes como referencia real. Los precios se dispararon, las brechas cambiarias se multiplicaron y el mercado informal asumió el papel de definir el valor efectivo de la moneda.
Diversos análisis internacionales han descrito este proceso como una inflación descontrolada. Otros estudios han señalado que, sin producción, sin credibilidad monetaria y sin disciplina fiscal, el CUP no podía sostenerse. A ello se suma un problema estructural más profundo: la dependencia absoluta del dólar como patrón real de valor.
¿Por qué el régimen y El Toque necesitan mantener este falso conflicto?
El régimen culpa a El Toque porque necesita un enemigo externo para explicar el derrumbe del CUP sin asumir su responsabilidad histórica. El Toque, por su parte, culpa al régimen porque su análisis se concentra en el tipo de cambio informal, pero no siempre profundiza en las causas estructurales del colapso.
Es probable que ambos discursos respondan a intereses distintos. Sin embargo, el resultado es el mismo: ninguno describe la realidad en toda su profundidad. La inflación actual no es producto exclusivo de la manipulación del tipo de cambio informal, ni de la emisión reciente e indiscriminada de CUP, ni del desorden contable de 2024.
La verdad es otra.
Cuba no tiene una moneda real desde hace más de treinta años. El conflicto entre el régimen y El Toque no es más que una cortina de humo. Ambos saben que la inflación no fue un accidente; fue una construcción. Ambos saben que no se trata de una anomalía, ni de un error reciente, ni de una simple jugada especulativa. Ambos conocen la verdad, pero la ocultan al no decir que la inflación actual es la consecuencia inevitable de un sistema creado para fallar.
Un régimen que convierte su moneda en una ficha sin respaldo, que oculta al dólar como verdadera unidad de valor y que implementa mecanismos para gravarlo sistemáticamente, no puede sorprenderse cuando esa ficción colapsa.
Ni el régimen ni El Toque dicen la verdad, porque ambos son parte —desde orillas distintas— de una misma mentira. La inflación no es un accidente, mucho menos un error contable. Es un método simple y eficiente de control político.